----- Original Message -----
From: "Hugo Oscar Leimann Patt"
<hugo_leimann@house.com.ar>
To: <CRMyFFHH@gruposyahoo.com.ar>
Sent: Saturday, October 18, 2003 8:44 AM
Subject: [CRMyFFHH] Otra convulsión de la
democracia
> Hola amigos,
> Este es un foro de Factores Humanos en la Aviación, está claro.
> Pero también está claro que los FFHH en la Av. no están al margen de los
> condicionamientos macro-económicos y políticos que, por ejemplo generan
> quiebras o fusiones de empresas aerocomerciales con un costado humano (y
> eventualmente operativo) muy doloroso.
> Ya pasó antes en Chile, luego con la alianza Summa en Colombia, ahora está
> pasando con Varig-Tam y Vasp-Transbrasil y más al sur entre Aerolíneas y
> Austral y SW con LAFSA (ex Lapa y Dinar)
> Necesitamos comprender el marco macro, el contexto, no sólo económico
> coyuntural, sino también histórico para advertir el sentido en que se
> direccionan los vientos de cambio, y poder aplicar nuestras herramientas
> CRMeras a las nuevas realidades.
> El drama de nuestros hermanos bolivianos, es el mismo que sufrieron antes
> los ecuatorianos, los brasileros, los venezolanos, etc etc.
> Sólo a modo de elemento que ayude a la comprensión de lo que le pasa a
> nuestro sub-continente, me pareció ilustrativo este artículo de un
pensador
> contemporáneo aparecido hoy en un periódico de Buenos Aires.
> Un abrazo,
> H:)
>
> "América latina, ahora"
>
> Por José Pablo Feinmann
> Trágica paradoja de América latina: su consolidación poscolonial fue
> posmoderna antes de ser moderna; y hasta la "modernidad" a la
que consiguió
> acceder estuvo condicionada (debilitándola) por ese origen posmoderno,
> fragmentado, particularizado, multinarrativo, en suma: balcanizado. Este
> concepto geopolítico (balcanización) explicita la debilidad de un
continente
> que tenía un poderoso elemento para consolidarse en el modo de la
> modernidad, en el modo de la totalidad. El lenguaje, nada menos. Admito
que
> hay "lenguajes" en América latina, pero cualquiera sabe que un
argentino
> habla "en colombiano" o "en paraguayo" con más
inmediatez, facilidad con que
> un italiano habla "en alemán". (Y Europa -hoy- está unida nada
menos que por
> esa mercancía hiperfetichizada que es la moneda.) América latina habla el
> español porque los españoles la conquistaron para el capitalismo. La
> "descubrieron" para el capitalismo. (Unico sentido en que ese
concepto puede
> ser adecuadamente utilizado.) Este "descubrimiento" incorpora el
continente
> a una totalidad que lo somete: la totalidad capitalista, que existió
> siempre, ya que el capitalismo es un sistema esencialmente totalizador,
> globalizado. Ese capitalismo español es desplazado por las potencias de la
> modernidad. España se llevaba el oro de América para el esplendor de las
> Cortes. Inglaterra -con sus piratas- saqueaba los galeones y ponía el oro
al
> servicio de la burguesía, del capital comercial primero, del capital
> industrial después. El pacto neocolonial (por medio de sus llamadas
> "revoluciones") América latina lo establece con la moderna
Europa
> capitalista: con Inglaterra, con Francia. Esta Europa advierte que para
> seguir explotando el continente tiene que debilitarlo. Para debilitarlo,
> impedir su unidad. Para impedir su unidad, incorporar al proyecto
> neocolonial a las "burguesías" y oligarquías coloniales. Son
éstas, en fin,
> las que proceden al desmembramiento, a la balcanización-fragmentación
> (posmodernización temprana y pro colonialista) de América latina. Es en
> 1830, en la provincia de Pasto, ya muerto el sueño de la "Gran
Colombia",
> cuando el general Sucre, que se volvía a su casa, se retiraba solo y sin
> escolta, es asesinado por los pequeños canallas de las "burguesías
criollas"
> . Sucre, el vencedor de Ayacucho, la última batalla contra el viejo
imperio
> español que debió simbolizar el despegue del proyecto político unificador,
> totalizador y moderno, es asesinado por los mercaderes de la
balcanización.
> Bolívar, al enterarse de esa muerte, descifra en ella la derrota de su
> causa. Muere poco tiempo después (también en 1830) y Colombia (sólo
> Colombia) se fragmenta en cinco estados. Es un símbolo conceptual
formidable
> el del asesinato de Antonio José de Sucre. Su genio militar posibilita
> Ayacucho. Ayacucho es el fin de la totalización (colonización) española y
> debió ser el inicio de la totalización americana. Pero la violencia (el
> asesinato político) hace "parir" otra historia que se edifica
sobre los
> cadáveres de Sucre y Bolívar: la historia de la des-unión latinoamericana.
> La protagonizan sus "burguesías" locales asociadas al Imperio,
que es quien
> verdaderamente "totaliza". Así, América latina se une por medio
de la
> dominación, en exterioridad, como Parte sometida del Todo colonialista. Se
> fragmenta, se multiplica, se disemina, se -por qué no-
"deconstruye" en
> beneficio del proyecto imperial, que la totaliza. Que la globaliza. Si
> alguien alguna vez pensó que la globalización imperial o colonial del
> capitalismo era un fructífero juego relacional entre el todo y las partes,
> se equivocó o mentía interesadamente. La globalización, siempre, implicó
el
> arrasamiento, el borramiento de las particularidades nacionales. Desde los
> incas y los aztecas hasta hoy.
> Hubo quienes propusieron la "combinación" de las partes y el
todo.
> Combinación que -conjeturaron- podía ser benéfica para ambas partes. (Ya
el
> sencillo hecho de que una parte sea la totalidad y la "otra" parte
la
> particularidad impide hablar de "dos" partes, impide no ver que
toda
> relación así establecida será desigual, asimétrica, favorecerá a la
> totalidad neocolonial.) Alberdi, entre nosotros, fue quien mejor propuso
-en
> un plano teórico-filosófico y hasta jurídico- esa relación entre el todo y
> lo particular. Incluso un filósofo tan entrañable y meritorio como
Coriolano
> Alberini celebra la empresa alberdiana, inspirada por el historicismo
> romántico. Alberdi parte de algo fascinante: no hay comunidad nacional sin
> filosofía nacional. Una "comunidad" requiere una totalización
reflexiva,
> propia. Pero esta "propiedad" consiste en la "aplicación
nacional de la
> razón universal". Alberini lo explica bien: Alberdi se propone
"dar a la
> nueva ley del progreso universal, entendida al modo romántico, una forma
> esencialmente argentina" (Problemas de la historia de las ideas
filosóficas
> en la Argentina, 1966). Propone, sí, "conquistar una filosofía para
llegar a
> una nacionalidad" ("Fragmento Preliminar al Estudio del
Derecho"). ¿Qué
> exige esa filosofía? Alberdi lo dice con infinita claridad: "La
combinación
> de las leyes generales del espíritu humano con las individuales de nuestra
> condición nacional". Tomemos el concepto de "combinación". Marx
lo utiliza
> para definir el tipo especial de desarrollo que tiene el capitalismo:
> "desigual y combinado". Pongámonos cautelosamente creativos:
¿cómo se
> expresó en América latina la dialéctica entre "desigualdad" y
"combinación"?
> La "combinación" que nuestro continente establece con el Imperio
instaura la
> "desigualdad". Porque el "pacto neocolonial" (una
expresión que Halperín
> Donghi utiliza con justeza en su Historia contemporánea de América Latina)
> es, por definición, desigual. Al expresar el Imperio "las leyes
generales
> del espíritu humano" (es decir, la centralidad) y nosotros,
"nuestra
> condición nacional", las "leyes individuales", la
dialéctica que se
> establece entre lo general y lo individual, entre la centralidad y la
> periferia o entre la totalidad y la particularidad se resuelve en
beneficio
> de la totalidad, que "totaliza" a lo particular, lo sofoca, lo
uniformiza y,
> desde luego, lo domina. América latina (y éste fue el error de Alberdi) no
> puede pensarse como "momento" particular de la totalización
imperial. Tiene
> que crear su propia totalización. De este modo (y éste es un tema que
> estamos trabajando y, claro, no sólo nosotros), América latina debe
> construir una ontología de la periferia, cuya constitución, no bien se
> logra, elimina a la periferia como periferia y establece un centro
autónomo,
> una totalización continental autónoma desde la cual entrará en relación
con
> la totalidad imperial y con cualquiera que sea, pero sin sometérsele.
> Podríamos decirlo con el lenguaje del Martín Fierro: o nos totalizamos
> nosotros o nos totalizan los de afuera. Así, y sólo así, desde nuestra
> propia y ontológica globalización podremos integrar otras
"globalizaciones",
> pero no la del Imperio, ya que ésta globaliza sometiendo, borrando lo
> particular, ni siquiera "integrándolo".
> Hoy, América latina tiene una totalización negativa que puede generar un
> proyecto político positivo. Nuestro continente está "unido" por
la "deuda".
> Estamos unidos en tanto deudores del Imperio acreedor. Esa "unidad
negativa"
> se transforma en positiva cuando América latina decide rechazar la
"unidad
> deudora" que le otorga el Imperio e instaurar una unidad política,
económica
> y cultural. Que todos negociemos de "uno en uno" frente al Todo
es la
> derrota. El Todo siempre vence a las partes. La fuerza negociadora de
> América latina está en su unidad, nunca en su fragmentación. Si Kirchner y
> Lula están hoy y aquí reunidos (y no es otro el disparador coyuntural de
> esta nota) es porque así parecen estar entendiéndolo.
> Es posible. No es "ahora o nunca". Porque jamás va a ser
"nunca", ni
> siquiera si no es "ahora". Porque el proyecto de nuestra unidad
continental,
> de nuestra des-balcanización, de nuestra des-fragmentación, nuestro proyecto
> no-deconstructivo siempre va a estar vigente, ya que en él radica ni más
ni
> menos que nuestra posibilidad de "ser". Hoy, el horizonte está
en la
> relación Argentina-Brasil. En impedir el manotazo antidemocrático y
> autoritario en Bolivia. En pedirle a Lagos que se anime a ir "más
allá de sí
> mismo". En defender la autonomía de Colombia, impedir su
vietnamización, el
> desembarco bélico del Imperio-colonialista en su tierra. Y también en
> pedirle a Castro que realice la alquimia imprescindible de su propia
> sucesión, que se suceda a sí mismo, que se democratice de cara a América
> latina. Porque si se muere sin hacerlo, no lo va a suceder siquiera
Violeta
> Chamorro, sino una invasión incontenible del poder y la cultura del
Imperio,
> la macdonalización feroz de esa isla que la queremos y necesitamos
nuestra,
> democrática y latinoamericana.
>
>
>